Cirio Pascual 2016

cirio 2016

 

El CIRIO PASCUAL encendido es el símbolo de Cristo Resucitado, que es la luz del mundo. Representa la victoria de Cristo sobre la muerte, y estar envueltos en la luz de Cristo que nos llena de gozo y esperanza.

Y así como Cristo es luz del mundo, todos los cristianos estamos llamados también a serlo, con la luz de Cristo, disipemos la oscuridad de nuestro corazón y llenémonos de ella, pues sólo esta luz puede iluminarnos y guiarnos por el camino verdadero que nos lleva a la vida, sólo la luz de Cristo puede eliminar nuestra oscuridad interior y llevar una vida de acuerdo a nuestro ser como cristianos.

Mt 5,14.16: “Ustedes son la luz del mundo…Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos”.

Además del simbolismo de la luz, tiene también el de la ofrenda, como cera que se gasta en honor a Dios.

Tiene pintados varios elementos simbólicos:

• La CRUZ representa la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado.
“Desde la Cruz mana el amor de Dios que perdona y reconcilia” (San Juan Pablo II).

• Arriba de la Cruz: letra griega A (ALFA) que es la primera letra del alfabeto griego (=principio).

• Debajo de la Cruz: letra griega (OMEGA), última letra del alfabeto griego (=fin)
Estas dos letras indican que la gracia de Cristo, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza siempre nueva en el año concreto en que vivimos.
Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. (Ap 21,6)

• En los cuatro ángulos de la Cruz está escrito el año actual.

• Debajo de la Omega está pintado el Cordero Pascual.
“No olviden que han sido rescatados de la vida vacía que aprendieron de sus padres; pero no con un rescate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto”. (1Pe 1,18-19)

cirios 2016El “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.

Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.

Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia.

Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados.
“Constantemente somos saciados con el cuerpo del Salvador, constantemente participamos de la sangre del Cordero” (Eusebio de Cesarea).

¡ALELUYA!
Alegrémonos porque el Señor
ha resucitado
y está entre nosotros

 

 



Jubileo de la MISERICORDIA

     El logo y el lema ofrecen juntos una feliz síntesis del Año jubilar. En el lemalogo-del-ano-jubilar «Misericordiosos como el Padre» (tomado del Evangelio de san Lucas 6, 36) se propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre que pide no juzgar ni condenar, sino perdonar y dar amor y perdón sin medida (cf. Lc 6, 37-38).

     El logo –obra del jesuita Padre Marko I. Rupnik– se presenta como una pequeña suma teológica del tema de la misericordia. Muestra, de hecho, al Hijo que carga sobre sus hombros al hombre descarriado, recuperando una imagen muy querida en la antigua Iglesia, porque indica el amor de Cristo que realiza el misterio de su encarnación con la redención. La obra está hecha de tal manera que pone de relieve al Buen Pastor al tocar en profundidad la carne del hombre, y lo hace con tal amor que cambia su vida. Un detalle, además, no puede pasar desapercibido: el Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí a la humanidad, pero sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y estos con el ojo de Cristo. Cada hombre descubre de esta manera en Cristo, nuevo Adán, la propia humanidad y el futuro que le espera, contemplando en Su mirada el amor del Padre.

     La escena se sitúa dentro de la mandorla, una imagen también muy querida por la iconografía antigua y medieval que recuerda la copresencia de las dos naturalezas, divina y humana, en Cristo. Los tres óvalos concéntricos, de color progresivamente más claros hacia el exterior, sugieren el movimiento de Cristo que lleva al hombre fuera de la noche del pecado y de la muerte. Por otra parte, la profundidad del color más oscuro sugiere también lo inescrutable del amor del Padre que todo perdona.

(L'OSERVATORE ROMANO - 5 de Mayo de 2015)