Espiritualidad

El Monasterio

El monasterio es considerado escuela de servicio del Señor, donde el monje, ayudado por los instrumentos de las buenas obras, los mandatos del Señor y tomando por guía el evangelio, busca llegar a la cima de la caridad perfecta, que es la plenitud del amor.
Es el lugar del recogimiento y de la búsqueda continua de Dios, y por eso mismo es también el taller, donde el trabajo fundamental es llegar a vivir en plenitud la vocación de ser cristianos e hijos de Dios.

El Monje

El monje es el hombre que busca a Dios en el día a día, pero sabiendo de que antes que
buscador, es buscado y amado por Dios. Sabe que su vocación ha sido una iniciativa de
Dios, porque Dios nos amó primero.
En su vida, retirada y de recogimiento, sirve a Dios y sostenido por la Gracia, quiere
purificar su corazón para alcanzar una escucha obediente a la voz de Señor que le habla
día a día en su palabra y la Eucaristía.
El camino del monje es como todo cristiano, llegar a ser santo.

La vida de San Benito

Nació en Italia, en Nursia, hacia el año 480. Siendo joven, se traslada a Roma para estudiar, pero aturdido por la vida disipada y licenciosa de la ciudad, alrededor de los 20 años decidió retirarse para llevar una vida de penitencia y oración, en una cueva cerca de Subiaco, a unos 80 km de roma. Durante este tiempo, ha sido instruido y recibió así la herencia de una larga tradición, de manos del monje Romano.

Al cabo de un tiempo, en el que la fama de santidad de Benito, había comenzado a difundirse, algunos le pidieron tenerle como guía espiritual. Así, tanto se ha difundido su fama que alrededor de él se llegaron a construir una colonia de monjes, se fundaron doce monasterios en los alrededores de Subiaco.

Al cabo de un tiempo, Benito, se traslada de Subiaco, para fundar el monasterio de Montecasino, alrededor del año 529. En este lugar estuvo viviendo hasta su pascua que fue en entre el año 555-60.

San Benito, es el gran padre de la vida monástica occidental, en él se encuentra el legado una larga y madura tradición de los padres del desierto y él la supo asimilar y trasmitir como una herencia permanente para las generaciones posteriores a través de su Regla.

Lleva también el patronato de Europa, y su figura aparece en un momento culminante en la historia de la civilización occidental.

La Regla

Según San Gregorio Magno, San Benito había redactado una regla monástica, y que puede datarse hacia el año 537, en las últimas etapas de la vida del santo en Montecasino.

La Regla constituye el legado más importante de la gran tradición monástica que tuvo sus orígenes hacia el siglo III, con la imponente figura de San Antonio Abad en oriente. San Benito bebe de una tradición riquísima y compila, con un estilo muy particular, redactando la Regla. Esta se caracteriza por su discreción y sabiduría, virtudes hasta hoy día venerada y querida.

Después de San Benito, occidente quedaría marcado por el espíritu monacal del santo de Nursia, haciendo que toda la tradición posterior a ella esté inspirada por la Regla. Así se iría formando la tradición benedictina y expandiéndose por el mundo occidental.

La Regla es la fuente de la espiritualidad del monacato benedictino y esta ha ido siempre más allá de las fronteras del claustro de un monasterio, porque en el mundo existen personas que según su condición y estado de vida adoptan la espiritualidad de la Regla y viven su vida cotidiana llevados por las santas virtudes que inspiran la Regla de San Benito.

La Virgen Negra

En el siglo XIII, el Monasterio de Einsiedeln, para patrocinar el lugar, pidieron a una persona que tallara la imagen de la Virgen.
El artista, logró tallar a María joven, sonriente y en una actitud de venir a nuestro encuentro para ampararnos y ofrecernos al Niño Jesús. Jesús en brazos de María, también nos sonríe y levanta la mano derecha para bendecirnos. En su mano izquierda tiene un pajarito, que quizás el artista lo haya puesto, haciendo referencia a un pasaje de un relato apócrifo (del Evangelio del Pseudo Mateo XXVII) donde cuenta que el Niño Jesús, jugando con un compañero, había modelado con barro, pequeños pajaritos y golpeando las manos los había hecho volar.

Terminada su gran obra, fue llevada a la capilla de san Meinrado, ubicada en dicho monasterio. A partir de ese momento comenzaron a llegar los peregrinos para visitar a la Virgen, en busca de paz, consuelo, favores.

Los peregrinos que acudían a ella le encendían velas con el deseo de prolongar su oración y su amor a la Madre. Estas velas o lámparas, al arder, además de las llamas, largaban un humo que fue oscureciendo de a poco a la Virgen.

Este es uno de los factores por los que la Virgen es negra.

En el año 1798 se produjo en Suiza la revolución francesa. Estos hombres, cuando llegaron al monasterio, hicieron muchos destrozos en la iglesia, sacristía, biblioteca, altares, relicarios. Sacaron todo lo que les interesó y hasta demolieron parte del camarín de la Virgen. Pero antes que estos revolucionarios fueran al monasterio, los monjes, avisados de antemano de la llegada de estos sacrílegos, escondieron la Virgen Negra que estaba en el camarín y pusieron otra similar, que era una copia. Al llegar al monasterio, después de hacer los destrozos, se llevaron la copia de la Virgen Negra, pensando que era la original con joyas. De esta forma los monjes salvaron la sagrada imagen.

Pero estos seguían haciendo destrozos en la ciudad, entonces, por temor a que vinieran otra vez al monasterio, se la tuvieron que llevar. Este trabajo de salvar la imagen, la realizó un empleado del monasterio, llamado Plácido Kalin. La colocaron en un cajón de pino, envuelta en paños, sellada con pasto seco por dentro y por fuera y se la trasladó en este cajón a un lugar designado en la montaña del valle de Alp y después fue enterrada al pie del monte Mythen, a unos 30km del monasterio. Más tarde fue sacada de allí y la llevaron a otros lugares, también seguros.

El cajón, donde llevaba a la Virgen, lo camufló con cosas que aparentaban ser parte de las pertenencias de un vendedor ambulante. Así pudo seguir con su objetivo.

Uno de los lugares donde estuvo escondida la imagen de la Virgen fue en Voralberg, en la frontera de Suiza, concretamente en San Geroldo donde había una capilla y una propiedad del monasterio, en Austria. Allí quedó oculta más de un año.

Después que terminó la revolución francesa, en 1803, llevaron la Virgen Negra a su casa, es decir, al monasterio de Einsiedeln. Pero antes de ponerla a la vista, para la veneración de los piadosos peregrinos, quisieron restaurarla. Para esto llamaron a un hombre experto sobre el tema llamado Juan Adán Futcher. Lo primero que le hizo este restaurador fue sacarle el hollín y limpiar las partes ennegrecidas, por causa del humo de las velas o lámparas que le habían encendido los peregrinos desde mucho tiempo atrás.

Luego de haberla limpiado, la Virgen quedó con el color natural de la madera, probablemente de tilo. Pero la imagen así restaurada, extrañó tanto a los piadosos cristianos que habían conocido la imagen oscura en sus peregrinaciones hacia ella, que los monjes del monasterio de Einsiedeln, frente a la insistencia de los numerosos peregrinos, tuvieron que decirle a Juan que pintara de negro al Niño y a la Madre. Y así lo hizo. Desde entonces esta imagen fue llamada «LA VIRGEN NEGRA»

Dirección: Santiago, Misiones – Paraguay
Correo: tupasymaria@benedictinos.org.py

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