OFICIO DE LECTURAS (Sábado Santo)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Ven, Oh Dios, en mi ayuda

R. Apresúrate, Señor, a socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

  • ¿Dónde está muerte, tu victoria?

¿Dónde está, muerte, tu aguijón?

Todo es destello de su gloria,

brillante luz, resurrección.  

  • Fiesta es la lucha terminada,

vida es la muerte del señor,

día la noche engalanada,

fulgor eterno de su amor.

  • Fuente perenne de la vida,

luz siempre viva de su don,

cristo es ya vida siempre unida

a toda vida en aflicción.

  • Cuando la noche se avecina,

noche del hombre y su ilusión,

cristo es ya luz que lo ilumina,

sol de su vida y corazón.

  • Demos al Padre la alabanza,

por Jesucristo, hijo y señor,

denos su espíritu esperanza

viva y eterna de su amor. Amén  

PRIMER NOCTURNO

Antífona

En paz me acuesto y me duermo tranquilo

Escúchame cuando te invoco, Dios defensor mío, /

Tú que en el aprieto me libraste, *

Ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y ustedes, ¿hasta cuándo ultrajarán mi honor,

amarán la falsedad y buscarán el engaño?

Sépanlo: el Señor hizo milagros en mi favor,

Y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Tiemblen y no pequen,

Reflexionen en el silencio de su lecho;

Ofrezcan sacrificios legítimos

Y confíen en el Señor.

Hay muchos que dicen: *

“¿Quién nos hará ver la dicha /

si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?”

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría

que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,

Porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona

En paz me acuesto y me duermo tranquilo

Antífona

Ábranse puertas eternas, que va a entrar el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

El orbe, y todos sus habitantes:

Él la fundó sobre los mares,

Él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes,

Y puro corazón,

Que no confía en los ídolos

Ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,

Le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,

Que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alcen los dinteles, *

Que se alcen las antiguas compuertas: /

Va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién ese Rey de la Gloria? *

El Señor, héroe valeroso; /

El Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alcen los dinteles, *

Que se alcen las antiguas compuertas: /

Va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la Gloria? *

El Señor, Dios de los Ejércitos: /

Él es el Rey de la Gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona

Ábranse puertas eternas, que va a entrar el Rey de la gloria

Lectura de la Sagrada Escritura – Lm 5, 1-22

Yavé, acuérdate de lo que nos ha pasado, mira y ve nuestra humillación. Nuestra herencia pasó a extranjeros, nuestras casas a extraños. Somos huérfanos, sin padre; nuestras madres, viudas. A precio de plata bebemos nuestra agua, nuestra leña nos llega por dinero. Con el yugo al cuello andamos acosados; estamos agotados, no nos dan respiro. Tendimos a Egipto nuestra mano, y a Asur, para calmar el hambre. Nuestros padres, que pecaron, ya no existen, y nosotros cargamos con sus culpas. Esclavos nos dominan y no hay quien nos libre de su poder. Con riesgo de la vida trajimos nuestro pan, enfrentando los peligros del desierto. Nuestra piel abrasa como un horno, por el ardor del hambre. Violaron a las mujeres en Sión; a las jóvenes en las ciudades de Judá. Colgaron a los príncipes y no respetaron al resto de los ancianos. Los muchachos arrastraron la piedra de moler, bajo la carga de leña se han encorvado las niñas. Los ancianos dejaron de acudir a la puerta, los muchachos dejaron de cantar. Cesó nuestra alegría, se cambió en duelo nuestro baile. Cayó la corona de nuestra cabeza. ¡Pobres de nosotros, que pecamos! Por eso está podrido nuestro corazón y se nos nublan los ojos pensando en tu cerro desolado, donde merodean las fieras. Pero tú, Yavé, reinas para siempre, tu trono permanece firme de generación en generación. ¿Por qué te olvidas siempre de nosotros?, ¿por qué nos abandonas? Haz que volvamos a ti, Yavé, y volveremos; haz que seamos de nuevo lo que fuimos antes. ¿Nos has desechado totalmente? ¿Estás irritado sin medida con nosotros?»

RESPONSORIO

V. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. *¿Quién meditó en su destino?

R. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. *¿Quién meditó en su destino?

V. Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.  

R. *¿Quién meditó en su destino?

V. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. *¿Quién meditó en su destino?

SEGUNDO NOCTURNO

Antífona

No me entregarás a la muerte, ni dejarás que tu siervo conozca la corrupción

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor Dios mío, a ti grité,

Y tú me sanaste.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

Me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Toquen para el Señor, fieles suyos,

Den gracias a su nombre santo;

Su cólera dura un instante,

Su bondad, toda la vida;

Al atardecer nos visita el llanto,

Por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:

“No vacilaré jamás”.

Tu bondad, Señor, me aseguraba

El honor y la fuerza;

Pero escondiste tu rostro,

Y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,

Supliqué a mi Dios:

“¿Qué ganas con mi muerte,

Con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,

O va a proclamar tu lealtad?

Escucha, Señor, y ten piedad de mí,

Señor, socórreme”.

Cambiaste mi tristeza en alegría,

Mi vestido de luto en vestido de fiesta;

Te cantará mi alma sin callarse,

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona

No me entregarás a la muerte, ni dejarás que tu siervo conozca la corrupción

Antífona

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo.  

Los recogeré de entre las naciones, *

Los reuniré de todos los países /

Y los llevaré a su tierra.

Derramaré sobre ustedes

Un agua pura que los purificará:

De todas sus inmundicias e idolatrías

Los voy a purificar.

Les daré un corazón nuevo

Y les infundiré un espíritu nuevo;

Arrancaré de su carne el corazón de piedra

Y les daré un corazón de carne.

Les infundiré mi espíritu *

Y haré que caminen según mis preceptos, /

Y que guarden y cumplan mis mandatos.

Y habitarán en la tierra que di a sus padres *

Ustedes serán mi pueblo /

Y yo seré su Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo. 

LECTURA PATRÍSTICA

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado

El descenso del Señor al abismo

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra, un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”. Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz”.

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder e anunciar a los que están encadenados: “Salgan”, y a los que se encuentran en las tinieblas: “Ilumínense”, y a los que duermen: “Levántense”

A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo, por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada, contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso, yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de querubines está a punto, los portones atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los vienen, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad”.

RESPONSORIO

V. Ahora el Hijo del Hombre ha sido glorificado. *Y Dios ha sido glorificado en él

R. Ahora el Hijo del Hombre ha sido glorificado. *Y Dios ha sido glorificado en él

V. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

R. Y Dios ha sido glorificado en él.

V. Ahora el Hijo del Hombre ha sido glorificado. *Y Dios ha sido glorificado en él

CÁNTICO FINAL: “CRISTO SE HUMILLÓ”

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte. Y muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó y le dio un Nombre que está sobre todo nombre.  

ORACIÓN FINAL

Dios todopoderoso y eterno, cuyo único Hijo descendió a lo profundo de la tierra de donde también subió gloriosamente: concede a tus fieles, sepultados con él en el bautismo, alcanzar, por su resurrección, la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

OSB

Monasterio Benedictino del Paraguay. Fundada en 1984 por el Monasterio de Santa María de Los Toldos Argentina. Actualmente pertenecemos a la confederación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur, formado por los monasterios, tanto de monjas y monjes que están en Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.
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