OFICIO DE LECTURAS (Viernes de la Pasión del Señor)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Ven, Oh Dios, en mi ayuda

R. Apresúrate, Señor, a socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

  • Libra mis ojos de la muerte,

dales la luz que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

  • Haz de esta piedra de mis manos

Una herramienta constructiva,

Cura su fiebre posesiva

Y ábrela al bien de mis hermanos.

  • Haz que mi pie vaya ligero

Da de tu pan y de tu vaso

Al que se te sigue paso a paso

Por lo más duro del sendero

  • Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

  • Guarda mi fe del enemigo

¡Tantos me dicen que estás muerto!

Y entre la sombra y el desierto

dame tu mano y ven conmigo

PRIMER NOCTURNO

Antífona:

Los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías

¿Por qué se amotinan las naciones,

y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,/

los príncipes conspiran,*

contra el Señor y contra su Mesías:

“¡Rompamos sus ataduras,

Sacudamos su yugo!”.

El que habita en el cielo sonríe,

El Señor se burla de ellos.

Luego les habla con ira,

Los espanta con su cólera.

“Yo mismo he establecido a mi rey

En Sión, mi monte santo”.

Voy a proclamar el decreto del Señor:*

Él me ha dicho:/

“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”.

Pídemelo: te daré en herencia las naciones,

En posesión, los confines de la tierra.

Los gobernarás con cetro de hierro,

Los quebrarás como jarro de loza.

Y ahora, reyes, sean sensatos,

Escarmienten, los que rigen la tierra:

Sirvan al Señor con temor,

Ríndale homenaje temblando;

No sea que se irrite, y vayan a la ruina,/

Porque se inflama de pronto su ira.*

¡Dichosos los que se refugian en él!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona:

Los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías

Antífona:

Se levantan contra mí testigos falsos

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados,

para devorar mi carne,

ellos, enemigos y adversarios,

tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,

Mi corazón no tiembla;

Si me declaran la guerra,

me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,

Eso buscaré:

Habitar en la casa del Señor

Por los días de mi vida;

Gozar de la dulzura del Señor

Contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda

El día del peligro;

Me esconderá en lo escondido de su morada,

Me alzará sobre la roca,

Y así levantaré la cabeza

Sobre el enemigo que me cerca.

En su tienda sacrificaré /

Sacrificios de aclamación: *

Cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo,

Ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: “Busquen mi rostro”.*

Tu rostro buscaré, Señor, /

No me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,

Que tú eres mi auxilio;

No me deseches, no me abandones,

Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

El Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino, /

Guíame por la senda llana, *

Porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario. *

Porque se levantan contra mí testigos falsos, /

Que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor

En el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

Ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona:

Se levantan contra mí testigos falsos

Lectura de la Sagrada Escritura – Lm 3, 1-33

«Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo del furor de Dios. El me llevó y me obligó a caminar en tinieblas y oscuridad. Vuelve y revuelve todo el día su mano contra mí solo. Consumió mi carne y mi piel y quebró mis huesos. Edificó contra mí un muro, me cercó de veneno y de dolor. Me mandó vivir en las tinieblas, como los muertos de antaño. Me encarceló y no puedo salir, me puso pesadas cadenas. Por más que grito y pido auxilio él sofoca mi súplica. Cercó mi camino con piedras enormes, confundió mis senderos. Ha sido para mí como oso en acecho y león en escondite. Complicando mis caminos me destrozó, me dejó hecho un horror. Preparó su arco, y me puso como blanco de sus flechas. Clavó en mi espalda sus dardos sacados de la caja. Me hizo burla de todo mi pueblo, la cantinela todo el día. Me colmó de amargura, me dio a beber ajenjo. Quebró mis dientes con una piedra, me revolcó en la ceniza. Mi alma está alejada de la paz y ha olvidado la dicha. Dije: Mi esperanza se perdió igual que mi confianza en Yavé. Acuérdate de mi miseria y vida errante, de mi ajenjo y amargor. Mi alma recuerda, sí, y se me hunde. Esto reflexiono en mi corazón, y por ello esperaré. El amor de Yavé no se ha acabado, ni se han agotado sus misericordias; se renuevan cada mañana. Sí, tu fidelidad es grande. Dice mi alma: «Yavé es mi parte, por eso en él esperaré.» Bueno es Yavé para los que esperan en él, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Yavé. Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se siente solitario y silencioso cuando Dios se lo impone; que ponga su boca en el polvo; quizá tenga esperanza, que tienda la mejilla al que lo hiere, que se llene de humillaciones. Porque el Señor no desecha al hombre para siempre. Si llega a afligir, luego se compadece, según su inmenso amor; él no se alegra en humillar y afligir a los hombres.»

RESPONSORIO

R. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

V. Nosotros lo tomamos por leproso, herido de Dios y humillado; pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones.

R. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

SEGUNDO NOCTURNO

Antífona:

Mis amigos y compañeros se alejan de mí

Señor, no me corrijas con ira,

No me castigues con cólera;

Tus flechas se me han clavado,

Tu mano pesa sobre mí.

No ha parte ilesa en mi carne,

A causa de tu furor;

No tienen descanso mis huesos,

a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,

son un peso superior a mis fuerzas;

mis llagas están podridas y supuran

por causa de mi insensatez;

voy encorvado y encogido,

todo el día camino sombrío,

tengo las espaldas ardiendo,

no hay parte ilesa en mi carne;

estoy agotado, deshecho del todo,

rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,

No se te ocultan mis gemidos;

Siento palpitar mi corazón, *

Me abandonan las fuerzas, /

Y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,

mis parientes quedan a distancia;

me tienden lazos los que atentan contra mi vida, *

los que desean mi daño me amenazan de muerte, /

todo el día murmuran traiciones.

Pero yo, como un sordo, no oigo,

como un mudo, no abro la boca;

soy como uno que no oye

y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,

Y tú m escucharás, Señor Dios mío;

Esto pido: que no se alegren por mi causa,

Que cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,

Y mi pena no se aparta de mí.

Yo confieso mi culpa,

Me aflige mi pecado;

Mis enemigos mortales son poderosos,

Son muchos los que me aborrecen sin razón,

Los que me pagan males por bienes,

Los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor,

Dios mío, no te quedes lejos;

Apresúrate a socorrerme,

Señor mío, mi salvación.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona:

Mis amigos y compañeros se alejan de mí

Antífona:

Reconocemos, Señor, nuestra impiedad, hemos pecado contra ti

Mis ojos se deshacen en lágrimas

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la capital de mi pueblo,

por su herida incurable.

Salgo del campo: muerto a espada:

Entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

Tanto el profeta como el sacerdote

Vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá? *

¿Tiene asco tu garganta de Sión? /

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz, y no hay bienestar,

Al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu Nombre, *

No desprestigies tu trono glorioso; /

Recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Antífona:

Reconocemos, Señor, nuestra impiedad, hemos pecado contra ti

LECTURA PATRÍSTICA

San León Magno, Tratado 59 sobre la Pasión del Señor

La cruz de Cristo, fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias

Entregado el Señor a la voluntad de sus enemigos, se le obligó a llevar el instrumento de su suplicio para burlarse de su dignidad real. Así se cumplió lo predicho por el profeta Isaías, cuando dice: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado. Pues que el Señor saliera llevando el leño de la cruz – ese leño que había de convertirse en cetro de su soberanía – era a los ojos de los fieles como un gran misterio. Pues este gloriosísimo vencedor del diablo y potentísimo debelador de los poderes adversos, llevaba muy significativamente el trofeo de su triunfo, y cargaba sobre los hombros de su invicta paciencia el símbolo de la salvación, digno de ser adorado por todos los reinos; se diría que, en aquel momento, con el espectáculo de su comportamiento, quería confirmar y decir a todos sus imitadores: El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

Cuando, acompañado de la multitud, se dirigía Jesús al lugar del suplicio. Encontraron a un cierto Simón de Cirene, a quien cargaron con la cruz del Señor, para que también en este gesto quedase prefigurada la fe de los paganos, a quienes la cruz de Cristo no iba a serles objeto de confusión, sino de gloria. Por este traspaso de la cruz, la expiación operada por el cordero inmaculado y la plenitud de todos los sacramentos pasará de la circuncisión a la incircucisión, de los hijos carnales a los hijos espirituales. Pues la verdad es que – como dice el Apóstol – ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo; el cual ofreciéndose al Padre como nuevo y verdadero sacrificio de reconciliación, fue crucificado, no en el templo cuya misión sacral había tocado a su fin, ni dentro del recinto de la ciudad, destinada a la destrucción en mérito de su crimen, sino fuera de las murallas, para que habiendo cesado el misterio de las antiguas víctimas, una nueva víctima fuera presentada sobre el nuevo altar, y la cruz de Cristo fuera el ara no del templo, sino del mundo.

Amadísimos: habiendo sido levantado Cristo en la cruz, no debe nuestra alma contemplar tan sólo aquella imagen que impresionó vivamente la vista de los impíos a quienes se dirigía Moisés con estas palabras: Tu vida estará ante ti como pendiente en un hilo, temblarás día y noche, y ni de tu vida te sentirás seguro. Estos hombres no fueron capaces de ver en el Señor crucificado otra cosa que su acción culpable, lleno de temor, y no del temor con que se justifica la fe verdadera, sino del temor que atormenta la mala conciencia.

Que nuestra alma, iluminada por el Espíritu de verdad, reciba con puro y libre corazón la gloria de la cruz, que irradia por cielo y tierra, y trate de penetrar interiormente lo que el Señor quiso significar cuando, hablando de la pasión cercana, dijo: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Y más adelante: Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica a tu Hijo. Y como oyera la voz del Padre, que decía desde el cielo: Le he glorificado y volveré a glorificarlo, dijo Jesús a los que lo rodeaban: Esta voz no ha venido de mí, sino por ustedes. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.  

RESPONSORIO

R. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos

V. Si el mundo los odia, sepan que antes me han odiado a mí. Así se cumple lo que está escrito en la Ley: me han odiado sin motivo.

R. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

CÁNTICO FINAL: “CRISTO SE HUMILLÓ”

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte. Y muerte de cruz.

ORACIÓN FINAL

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; santifica a tus hijos y protégelos siempre, pues Jesucristo tu Hijo, en favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

OSB

Monasterio Benedictino del Paraguay. Fundada en 1984 por el Monasterio de Santa María de Los Toldos Argentina. Actualmente pertenecemos a la confederación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur, formado por los monasterios, tanto de monjas y monjes que están en Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.
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